Manovre politicamente corrette urlate tramite gli altoparlanti dei grandi media per tenere tranquilla l'opinione pubblica, che ormai è pubblica solo per l'esposizione ma non perché rappresenta davvero il popolo. In Francia, quasi un mese dopo gli attentati che hanno sconvolto un luogo tradizionalmente immune da scene raccapriccianti che in Medio Oriente e in posti meno fortunati sono all'ordine del giorno, il freddo pungente di fine autunno fa da perfetto sottofondo a una situazione globalmente stantía.
A Lione il cielo è grigio, le terrazze dei bar sono vuote e la 'Fête des lumières", l'evento più atteso durante tutto l'anno, è stata annullata per motivi d'ordine pubblico. La psicosi è evidente, ma si riflette più negli alti piani che negli occhi della gente. La piazza dell'Hotel de Ville commemora i morti di Parigi, tra scritte incoraggianti e fiori sempre freschi depositati sugli scalini del municipio. Un giovane si inginocchia e scruta il mucchio di omaggi alle vittime. Il freddo sembra non scalfirlo. Poi si alza e si allontana, mentre la piazza vuota sente l'eco dei suoi passi.
Cissé ha una piccola libreria in Rue de Capucins, nella vecchia Lione. Il suo sorriso è la miglior presentazione possibile per una piccola bottega dove le catalogazioni da Blockbuster della carta stampata non esistono. Il suo consiglio per una lettura è il primo passo verso una lunga conversazione. Parliamo di Lione, di libri, della mia Napoli, un luogo che lui ha trovato pieno d'identità e umanità: caotica ma viva, la mia città campeggia orgogliosa nei ricordi di Cissé, di madre guineana, che a Partenope non ha percepito neanche un pizzico di razzismo.
La realtà quotidiana che provano a venderci somiglia più a un inganno: un trompe l'oeil, un quadro con una prospettiva fuorviante. Cissé e il ragazzo senza nome sono coloro che ci offrono la vera prospettiva delle cose, lontana dai flussi mainstream e vicina alla realtà, quella che non si sente su Internet ma che si può percepire solamente per strada, lontano dal calore artificiale delle stufe ma vicino a quello umano delle persone.
Una nube de telarañas cierra el paso. Lentamente se aproxima un sonido familiar acompañado por un olor nostálgico. Haces preguntas que resuenan en el eco, y ansioso esperas una respuesta que no llega. La rabia trepa, dura, cruda, penetra en tus entrañas, sin dejarte dormir.
Las mariposas en el estómago se pudren, convirtiéndose en arañas, que acaban comiéndote por dentro, poco a poco. Es un partido de ajedrez, cuyas piezas se te escapan de los dedos. Deberías pensar, muchísimo, demasiado. Tu rival es frío, glacial, y acaba ganándote. Sin posibilidad de revancha.
Ya no puedes volver atrás. Estás atrapado en una jaula imaginaria, de las más difíciles de abrir y de la que la fuga implica una limpieza interna, atascada por una serie de circunstancias exteriores. Se te traba todo, y fallas en lo más sencillo.
La partida termina. Perdiste. Otra vez. Todo vuelve a ser un recuerdo, grabado en una cinta virtual que tu cabeza sigue retransmitiendo. Hasta no sabes cuándo.Hasta que podrás jugar otro partido en el que pensar en exceso te volverá a traicionar, y dejarse llevar también.
Perdiste. Nadas en la incertidumbre. Y se acerca el invierno. Mejor volver a la orilla, para secarse antes de que llegue el frío y el viento acabe contigo. De nuevo en busca de un camino, por la enésima vez. Intentando no perderte.
Aquella noche los Alpes no se veían. La necesitad de un examen me llamaba a mis deberes, obligándome a subir a un autobús nocturno que a lo largo de toda la madrugada me llevaría a la que en aquel momento era mi 'casa'. En la cola para embarcar apercibí a alguien, vi de reojo su pasaporte donde destacaba la palabra 'Argentina', un lugar que desde siempre me llamaba la atención.
Pocos minutos después, esta persona se sentaría, casualmente, al lado mío. O quizás no fue tan casual, al menos por su parte. Lo que sí fue casual fue el mutuo insomnio que tuvimos ambos en las 4 horas de viaje que compartimos. Hilos de fútbol política, historia y viajes se nos fueron cruzando durante un recorrido que pareció extremamente liviano y corto, mientras algunas personas que querían descansar, y con razón, nos invitaban de manera más o menos contundente a callar.
Un breve descanso en un área de servicio, un pucho y una medialuna sellaron definitivamente el nacimiento de una amistad. Mi compañero de viaje ya lo era de la vida, que por su parte también representa un viaje en sí. Una llamada por teléfono fue la última muestra de complicidad que pude ofrecerle, y el abrazo final que sabía a adiós casi me hacía perder el bus con todas mis pertenencias. Un mail y muchas promesas, el legado final.
Casi 6 años más tarde, en una soleada tarde bonaerense, nuestros caminos se volvieron a cruzar. Impensable. Éramos más viejos, más curtidos, pero los viajeros de siempre, de esos que se reconocen en un segundo y de los que desprende una onda mágica. Compañero de asados, noches de joda y momentos felices, me hizo sentir en casa como nadie, y con él su familia. Hasta que me fui de Argentina. Hasta que él volvió a Europa.
Otro bus esperaba en la noche, Pero esta vez solo a él. Otro abrazo, esta vez más fuerte. No será el último. Posta. En serio. Muchos más buses nos llevarán a muchos caminos. En algún rincón del planeta. En otro viaje como él que nos hizo amigos de ruta y de vida.
Nel salone-cucina semi vuoto rimbomba l'eco delle lancette di un orologio che sembra funzionare per caso in un appartamento improvvisato e provvisorio. Al polso sinistro un braccialetto ormai consunto sostituisce il marchingegno che solitamente indica in che minuto, secondo e ora si trova la parte di mondo da me occupata.
L'acquazzone che rinfresca l'aria anticipa il calo del tepore, quella sensazione di libertà nel vestire sandali e non preoccuparti per il cambio di clima che rasserena l'animo fino al suo punto più profondo. Una parola. Tempo. Cinque lettere che abbracciano due concetti: lo scorrere dei momenti e il cambiamento delle condizoni atmosferiche.
In inglese e in francese, la stella parola viene usata per indicare il ritmo. Eppure, al di là di queste empiriche definizioni lessicali, il tempo è una sensazione astratta che fa da termostato della vita. Indefinito, a volte lento a volte rapido, il tempo aiuta ma al contempo danneggia. Variabile impazzita, può decidere di scorrere dolcemente al ritmo di pioggia o in maniera fulminea con la totale assenza di nuvole.
Il tempo decide per noi. Attraverso di esso le emozioni si amplificano o svaniscono. E per colpa del tempo siamo costretti a decidere, attanagliati da scelte condizionate da possibili direzioni da prendere, controvento o in alta marea. Poi ci fermiamo. Proviamo a controllare il nostro tempo, spesso senza riuscirci. Perché il mondo si muove intorno a lui, in un ritmo insostenibile, mentre le lancette intorno alla terra disegnano il presente senza badare al futuro.
Hace unos días, nada más haber terminado una discusión agridulce con una persona importante, lo primero que hice fue ir a comprar un libro. Como siempre, en los momentos complicados, busco sosiego en algo parecido a un viaje, y a menudo un buen libro representa una solución adecuada para dejar de pensar y centrarme en su contenido, sobre todo si está escrito en un idioma que no es el que empecé a escuchar en la cuna o con un biberón entre los labios.
El libro, o mejor dicho el recorrido, que escogí hace unos días fue casual, como casi siempre. Pero el profundo respeto que tengo por el autor, Eduardo Galeano, me invitó a cogerlo de la estantería en el mismo instante en el que leí el titular: "Patas arriba. La escuela del mundo al revés". Nada más indicado para el periodo nihilista en el que me hallo. Y, de paso, encaja perfectamente en la época que el mundo está viviendo, con revoluciones humanas que llenan nuestro día a día entre un whatsapp y un mail, mientras individuos que lo único que quieren es no morir inocentes emprenden un camino a pie que nada tiene que ver con peregrinaciones religiosas o con paseos catárticos.
Lo que más duele de este periodo es la sucesión de imágenes cruentas, violentas y rabiosas, que van desde la triste silueta de un niño muerto en una orilla que podría ser la de debajo de nuestra casa hasta la zancadilla de una periodista, que rompe la primera regla de su oficio, es decir la de no influir en los hechos que solamente tendría que reportar con la máxima objetividad posible.
Nunca me sentí tan reflejado en un libro como en este preciso momento. Si, como dice Galeano, los que más contaminan y perjudican al mundo son las multinacionales supuestamente regidas por leyes y reglamentos internacionales, está claro que el pueblo tendrá cada vez menos peso. Sea un refugiado que escapa de la guerra, sea una persona dolida por sentirse ninguneada, sea un niño cuyo único juguete era ser libre.
El mundo ya no tiene temporadas. Su revolución alrededor del sol es fragmentada, va y viene, como el sol y la lluvia. Se siente como una cucaracha patas arriba, moviendo sus piernas como bajo un estado febril, buscando un equilibrio ya perdido.
Esistono luoghi unici, mondi avulsi da ciò che li circonda. Sono al contempo confine e limite. "Dove la terra finisce e il mare inizia". Scogliere irte che ispirano scalate o discese improbabili, mentre l'oceano luccica in fondo nonostante il sole vada e venga, impazzito come l'umore di chi ti rigira in testa.
Folate di vento. Urla disperse. Di fronte un continente impercettibile. E all'improvviso mi ritrovo lì, isolato dalle tempeste, scrutando quell'infinito pauroso e stimolante. E mi ricordo di ciò che disse Pablo Neruda una volta terminata la sfiancante scalata che da Cuzco conduce a Machu Picchu: "Mi sono sentito talmente piccolo...".
Una febbre repentina, durata pochi secondi. Il resto è un ricordo che né una foto né una pagina scritta possono immortalare. È tutto negli occhi. E nel cuore. Quel tutto o niente, "tudo o nada" che risuona tambureggiante nella notte di Alfama, quando una melodia affascintante invade il tuo udito, lasciandoti immerso in un soave stupore, che sublima una giornata come poche.